Nuestra
vida Cisterciense, con nueve siglos de solera,
sigue atrayendo a las jóvenes que tienen
sed de Dios y que buscan seguir a Jesús,
según el espíritu y la vida de
S. Benito y de nuestros Padres de Cister.
A veces las jóvenes hacen experiencias de vida monástica, compartiendo,
dentro de la clausura, toda nuestra vida; pues Dios sigue llamando para vivir
en la verdad, en la libertad y en el amor, de una vida totalmente dedicada a él
en la alabanza, la acción de gracias y la intercesión por la humanidad
entera. La Comunidad está abierta a todas estas experiencias que chicas
generosas quieran hacer y se sientan llamada a la vida contemplativa.
A través de nuestra vida entera, deseamos responsabilizarnos con la misión
que la Iglesia nos confía:
"rindiendo testimonio
a la majestad de Dios y también a la fraternidad de todos los hombres
en Cristo".
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